sábado, 17 de diciembre de 2022

Expiación Vicaria

"Dios. El miedo a Dios. No pretendas, que no estoy viva. Mis huesos no duelen, al menos que esté cerca. ¿Dónde está tu cara?, en un seguro de lenguas muertas. Puedo ver tu reflejo, en el tótem de tu primogénito. Presiento que llevas una manda de lobos y me arrepiento que, quizá siempre te persiga, señalando la somnolencia con virtud. Mejor conservar tu muerto palacio, que tener una casa viva que perder. En el río Ganges, Dios condenó mi nombre." 

Existe una historia y creencia para miles de personas que nos dice como es que esta figura que cayó del cielo para librarnos de todos los pecados, de los que somos partes por el simple hecho de existir como humanos. Humanos creados por el mismo Dios, que nos castiga por ser como somos, en un misticismo y dualidad de Dios.

"Dime que ha terminado, "Rusbel"/Luzbel espera. "Glosolalia" cubre mi piel. Con glicerina y turbulencia." 

Con delirantes rezos, Irina experimenta la culpa y el asco de las acciones de sus victimarios en el nombre de Dios. De entre los muertos, la conciencia de la monja exige una respuesta por haber profanado su existencia con rituales de exorcismos. La blasfemia que los creyentes realizaron, desataron la ira de Dios, que vuelve a la vida para gritar por la estupidez que le hicieron a su cuerpo por un momento. Y va directo contra su fe, por lo que ellos creían que era Dios, los orilló a cometer el más cruel y vil de los actos. El asesinato. ¿Qué Dios tan cruel, omnipotente y castigador permite que la existencia en la forma de la fe se convierta en una perversión y en sed de sangre? Un Dios moldeador, que ha pervertido una de las cosas más bellas que es que tenemos como seres humanos... La esperanza.




El Exorcismo de Tanacu. Monja crucificada viva por la misma Iglesia. Rumania. "El miedo a Dios, en vez del amor que va de la mano con el Catolicismo".